domingo 30 de agosto de 2009

La Boda

"La vida es una boda, a la cual asistimos vestidos para la ocasión"

viernes 31 de julio de 2009

La rata esteparia

Ciertas cosas me inspiran, entre ellas el olor a lluvia, una melodía burguesa, una buena copa de vino, también el odio y el rencor…paradójicamente sólo así feliz de a ratos pocos me encuentro. Justificado en mi propio ser que verdaderamente inexistente es, soy anónimo de mi mismo. Hombre auto-embaucado por engaños ejercidos una y otra vez del mismo modo insensatamente. Visual como muchos, original me proclamo; quisiera ver como acaba el mundo lo cual implicaría indudablemente morirse en el intento. El orgasmo es un poco eso dicen. Al final, las palabras me importan demasiado. Me las creo.
Fijaos bien como el muy rata se desentiende de sus propias palabras..
Egoísta a veces, narcisito a medias y a mucha honra, la rata esteparia se enorgullece de la melancolía de su rostro. Sus ojos adormecidos indican la pesadez que arrastra consigo, lo mucho que le cuesta dar sus pasos, aunque a caminar haya aprendido hace tiempo. De pensamientos arraigados, se entrega antes de cometer delito alguno. El reino coherente de la alógica lo distingue. La ley le pesa demasiado, sin llegar gordo. No importa. Le sigue pesando. La toma como una especie de plomada ante la cual la obediencia automática se le impone a toda costa. Espera incluso sentado que algo mágico suceda y es por eso que se sienta en el banquillo, el de los acusados inocentes, por supuesto. Porque él si tiene alguna culpa es de ceder, permitir que todo suceda delante de sus narices. Evidentemente algún placer debe obtener de este pesar.
Su desconfianza es interna, desde ya. Pese a todo se curte con otros porque piensa que se la pusieron desde chiquito, y si se la pusieron queda pasivizado de su propio discurso. Declara nada tener que ver con esto, aunque en el fondo sepa que se equivoca. Impuesta dice, claro está, inmotivadamente, sin malas intenciones, pero impuesta al fin.
Fijaos bien, como el ratón apuesta poco, poquísimo. Sólo lo necesario para que nada importante de él se ponga en juego. De allí se deduce su cobardía. Sin embargo a tropiezos mejora, no sabe si es el paso del tiempo o porque no le queda otra opción. El punto es que preferiría volver atrás. De hecho siempre está volviendo de algo.
Este hombre rata en París se siente pleno casi nunca. Sufre de congojas que le atormentan sin cesar. Se siente incomprendido, y de este modo obtiene cierto placer gozoso del cual enarbola su bandera. Un misterio, un enigma difícil de resolver, único en su especie, la rata esteparia disfruta de su soledad, porque aunque salga con todas las minas del mundo siempre será solitario. Solo con él, con sus ideas, sus actos y no actos, y sobretodo con todas las consecuencias. Y aunque intente transmitir su complejidad algo pierde en el sendero, por lo cual se torna a sí mismo intransmisible. Entonces silencio…

lunes 15 de junio de 2009

Reflexiones sobre el Narciso que soy

Hoy me despierto como un día más. No pasa nada outside, aquí me encuentro de a poco y otro poco me pierdo. Soy esto y pienso corto, y además de esto ¿que soy?. No encuentro la respuesta adecuada, ni siquiera encuentro alguna que satisfaga, y si la encontrara no la diría, porque mi orgullo me lo impide. Que jodido! Pensé que lo había dejado de lado. Pero así soy, poniendo el ojo en la paja ajena, menos Narciso que nunca, y sin embargo antes me iba mejor.
Ah, tengo títulos, pero los tengo en reserva, es espera, sin uso, impecables, a estrenar. Son honorables miembros del estante mi biblioteca y de la cremura de mi pared. Siento que no los puedo poner a jugar en el circuito. Siento que soy poseedor de un pico y una pala para hacerle frente a un mundo que ataca con metralletas y atomic bombs, y es así que se me torna abominable, como el Yeti, como el “monstro” de la laguna, como YO y como VOS, como todo lo que me rodea.
Soy un avión a punto de despegar y tengo miedo, mucho. Me pregunto…realmente está a punto? Están dadas las condiciones necesarias para el vuelo? Y si hubiera mal tiempo? Y si fallaran las turbinas o el tren de aterrizaje? Porque pienso lo último si ni siquiera despegué? Son tantos problemas para tan pocas soluciones…y de veras no las encuentro, aunque las busque. No se si soy perdido un caso o al revés. Al menos dudo. Me bloqueo a mi mismo, me pongo en blanco, resisto, pero eso insiste, una y otra vez en sus formas más alocadas, como ser en mis peores sueños y mis mejores pesadillas.

martes 5 de mayo de 2009

“Miren esos macumbos!”

Escribir? Mentiría si dijera que nunca pensé en volver a hacerlo, pero el hecho es que jamás pensé que volvería a hacerlo tan pronto. Evidentemente, esto último no hubiera sido posible de no haber sido testigo y participe, mas no protagonista –apenas me fue asignado un papel secundario-, de algo que llamó poderosamente mi atención. Se trata precisamente de una –si se me permite el neologismo- “pandemia numeracional”. Casos no especificados, de etiología incierta, no localizados ni en tiempos ni en espacios, casos que rompen ampliamente las medias. Peor aún, son casos que echan por tierra con todos los records, los de todos los mundos posibles –proposición que bien el Pensamiento Científico del Ciclo Básico Común supo enseñarme-.
Me surgen preguntas: ¿el consumo de Actimel ha aumentado?, ¿existen ya chips para la memoria y no me he enterado?, ¿¿¿hubo “tongo”???, ¿jugará Tonga el próximo Mundial de fútbol, Sudáfrica 2010? No lo sé, difícil saberlo. Hay pocos puestos y sólo unos privilegiados accederán, más teniendo en cuenta que Sudáfrica es el país organizador y por ende su plaza está asegurada…
Entonces, en definitiva, en momentos como este concluyo que muchas cosas pueden hacerse, pero mis opciones no superan el par, vale decir se me dividen en 2: construir una balsa e irme a naufragar o mirar unos hermosos macumbos y olvidarme de todo, y la verdad es que un tipo nostálgico no soy…Y para colmo de males, me quedé sin madera.

domingo 16 de noviembre de 2008

La Mafia (parte II)

Para mi sorpresa sucedió un suceso sumamente inesperado. Llegó la mafia, a la cual nunca le tuve mala idea. De hecho se cargó a los morochos en sólo 2 minutos. Vaya efectividad me dije a mi mismo, y esbocé una leve sonrisa. El jefe mafia, un tipo pelado de bigote canoso, se percató de mi presencia, y afirmó en voz alta: “juguemos al baseball”, “quien pierde muere” exclamó. Acto seguido lanzó una grotesca carcajada. Pensé que era bastante lógico que la mafia se manejara según unas reglas arbitrarias elaboradas a gusto y piacere con un toque de limón, porque eso era lo que hacían estos tipos, te disparaban en un lugar lo suficientemente doloroso como para no matarte y luego te echaban limón y sal en la herida, y en ocasiones insospechadas bebían unos tequilas mezclados con la sangre, pero siempre decían que era granadina.
En fin, nunca imagine que mí preciada vida pudiera pender de un simple bateo, o mejor expresado, de un simple yerro a una pelota del tamaño de una toronja.
El juego se desarrollaba de la mejor manera. Yo bateaba y por ende, no moría. Aunque en un momento indeterminado, recibí una llamada de un número desconocido para la agenda de contactos de mi teléfono móvil. Así como por insight se me ocurrió que quizás era mi primo que llamaba desde el colectivo de la línea 41. No sé porque tuve esta ocurrencia. Es así que contesté sin dudarlo. La mafia se inquietó tanto que otro pelado que no era el jefe me aplicó picana en las pelotas. Así es. Un dolor irreproducible. “Que dolor, que dolor” gritaba yo…Todavía me duele.
El juego siguió su curso, hasta que terminó. La mafia lo decidió así, arbitrariamente, como todas las cosas que decidía. Y ya que estamos decidieron matar a todos los que habían jugado, así porque sí.
Entonces, para no morir, empecé a correr, como siempre lo hago, rápido, como es mi especialidad, correr rápido. Me metí en la bocanada del subte. Estaba cerrado, pero me hice más flaco y pase entre las rejas. Un mafioso me vió y me empezó a seguirme a punta de pistola. Pero yo que soy más vivo piqué en punta, salté hacía las vías del subte y me camuflé en el agujero negro. Luego corrí fuerte, muy fuerte, pese a que una gran esfera de luz venía de frente…
FIN

sábado 11 de octubre de 2008

La Mafia (parte I)

Me encontraba plácidamente en mis hectáreas de provincia, alimentando a unos terneros y ordeñando las pocas vacas que quedaban luego de la excesiva demanda de carne en la región. La delimitación de mi terreno era pues de matorrales de 2 metros de alto que hacian de circunferencia al perímetro y además un portón enrejado que hacia las veces de puerta principal.
Mientras realizaba las tareas antemencionadas, la mezcla de ruido a candado con choque de cadenas procedente de la puerta de entrada y salida me inquietó un toque. Me acerqué sin vacilar y la escena me inquietó un toque más. Se trataba de un pibe, bajito, morocho, menor de edad, que con una ganzúa abría y cerraba el candado a su antojo. A esto se le sumaba el hecho de que, por la calle de tierra sobre la que estaba asentada mi morada de provincia, se paseaban en bicicletas de poca monta gente desahusiada y maloliente, de pelo largo y sucio, y de piel más oscura aún, sin por eso llegar a ser africanos.
Recién allí fue cuando caí en la cuenta de la inseguridad de la secuencia.
El pibe indicó que el candado se había roto por lo cual era necesario que alguien lo arregle. Yo lo eché como pude y le dije que no se preocupara, no sea cosa de que se quedara merodeando por allí.
De todos modos lo peor aún estaba por venir. Los morochos se empezaron a acumular como si estuvieran ávidos de interés por reparar el candado. Dejaban sus bicicletas con canasta y bocina arrimadas contra los arbustos, claro está del lado de afuera de mi campo, traían escaleras que apoyaban sobre el portón, tomaban tereré y se convidaban entre ellos.
La situación era tremenda, pero recordé lo que un gran maestro me dijo en un momento de tinte algo negativo: "recordá que siempre se puede estar peor"... (continuará)

domingo 14 de septiembre de 2008

Más del zar Corta

"Sólo en sueños, en la poesía, en el juego (...) nos asomamos a veces a lo que fuimos antes de ser esto que vaya a saber si somos".