Ciertas cosas me inspiran, entre ellas el olor a lluvia, una melodía burguesa, una buena copa de vino, también el odio y el rencor…paradójicamente sólo así feliz de a ratos pocos me encuentro. Justificado en mi propio ser que verdaderamente inexistente es, soy anónimo de mi mismo. Hombre auto-embaucado por engaños ejercidos una y otra vez del mismo modo insensatamente. Visual como muchos, original me proclamo; quisiera ver como acaba el mundo lo cual implicaría indudablemente morirse en el intento. El orgasmo es un poco eso dicen. Al final, las palabras me importan demasiado. Me las creo.
Fijaos bien como el muy rata se desentiende de sus propias palabras..
Egoísta a veces, narcisito a medias y a mucha honra, la rata esteparia se enorgullece de la melancolía de su rostro. Sus ojos adormecidos indican la pesadez que arrastra consigo, lo mucho que le cuesta dar sus pasos, aunque a caminar haya aprendido hace tiempo. De pensamientos arraigados, se entrega antes de cometer delito alguno. El reino coherente de la alógica lo distingue. La ley le pesa demasiado, sin llegar gordo. No importa. Le sigue pesando. La toma como una especie de plomada ante la cual la obediencia automática se le impone a toda costa. Espera incluso sentado que algo mágico suceda y es por eso que se sienta en el banquillo, el de los acusados inocentes, por supuesto. Porque él si tiene alguna culpa es de ceder, permitir que todo suceda delante de sus narices. Evidentemente algún placer debe obtener de este pesar.
Su desconfianza es interna, desde ya. Pese a todo se curte con otros porque piensa que se la pusieron desde chiquito, y si se la pusieron queda pasivizado de su propio discurso. Declara nada tener que ver con esto, aunque en el fondo sepa que se equivoca. Impuesta dice, claro está, inmotivadamente, sin malas intenciones, pero impuesta al fin.
Fijaos bien, como el ratón apuesta poco, poquísimo. Sólo lo necesario para que nada importante de él se ponga en juego. De allí se deduce su cobardía. Sin embargo a tropiezos mejora, no sabe si es el paso del tiempo o porque no le queda otra opción. El punto es que preferiría volver atrás. De hecho siempre está volviendo de algo.
Este hombre rata en París se siente pleno casi nunca. Sufre de congojas que le atormentan sin cesar. Se siente incomprendido, y de este modo obtiene cierto placer gozoso del cual enarbola su bandera. Un misterio, un enigma difícil de resolver, único en su especie, la rata esteparia disfruta de su soledad, porque aunque salga con todas las minas del mundo siempre será solitario. Solo con él, con sus ideas, sus actos y no actos, y sobretodo con todas las consecuencias. Y aunque intente transmitir su complejidad algo pierde en el sendero, por lo cual se torna a sí mismo intransmisible. Entonces silencio…